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¿YA HAS PERDONADO?

El Perdón es un tema delicado, del que hemos oído por siglos, y que ha sido difundido por muchas religiones. Etimológicamente la palabra PERDON se compone del prefijo PER que indica TODO o TOTAL, y de la palabra DON o regalo, por lo que PERDON significa regalo total o regalo completo.

Muchos de nosotros tememos perdonar porque no queremos que nos tomen por tontos y confiados o por personas débiles que son demasiado tolerantes, o que carecemos de personalidad.

Algunos dicen: “perdono pero no olvido”, y esto es totalmente válido, para perdonar tú no tienes que provocarte una amnesia selectiva en la que bloqueas el recuerdo de un evento en especial. Lo que hay que superar son, las emociones que se mueven con ese recuerdo, lo que el perdón hace, es que superes el rencor.

Otros dicen: “que te perdone DIOS, yo no”, esta podría ser una manera de huir o posponer la decisión y el compromiso de transitar por el proceso de cambio y de limpieza emocional que implica el perdón, muchas veces no es sencillo perdonar.

En otras ocasiones tememos que si perdonamos, la ofensa o la falta se repetirá, es decir, si le perdono a mi amigo una ofensa, lo más probable es que más adelante en el futuro me vuelva a ofender. Detengámonos aquí, tenemos que separar al que perdona del perdonado.  Perdonar es un proceso y recibir el perdón es otro completamente distinto.

A veces la falta no ha sido contra ti sino contra un ser querido, quien tú piensas necesita ser reivindicado o en ocasiones vengado, y por un compromiso o lealtad mal entendida, no te permites perdonar.  Recuerda que cada uno tiene un plan de vida con lecciones que debe aprender.  Como dicen en la sabiduría popular: “no sudes fiebres ajenas”, no te contamines con rencores, y si estás inevitablemente afectado, entonces perdona, independientemente de que el ofendido perdone o no.

Acá ahora me estoy refiriendo a la persona que perdona, la cual es importantísimo que tenga claro que ella no tiene el poder de hacer cambiar al que falló.

   El proceso de perdonar empieza por un reconocimiento de que el rencor, la rabia o el deseo de venganza solo desgastarían nuestra energía, distraería mi atención, y hasta podría enfermarme físicamente.

   El siguiente paso es tomar la decisión de dejar ir la rabia y el deseo de sancionar. Esta decisión, pasa por dejar de ver el perdón como un beneficio hacia el agresor y empezar a verlo como un beneficio para el que perdona. Además pasa por ponerse en los zapatos y en la historia del agresor y preguntarse desde allí, que habría hecho yo en su caso. No para justificarlo, sino para intentar comprender su conducta.

En algunos casos, el agresor al ofenderte también ha faltado a una ley de tu comunidad. En este caso debes tener claro cual es tu alcance, pues el hecho de que tu perdones al agresor no quiere decir que la ley de tu comunidad vaya a librarlo del castigo que esta tenga previsto para ese caso.

Así que aunque tú no le guardes rencor, o hayas decidido comenzar el liberador proceso de perdonar, hay otro proceso social que no se detendrá, que es el proceso de que la ley lo juzgue y lo castigue; soportar ese castigo es un proceso que el agresor transitará según su particular necesidad de aprendizaje y en el que no siempre tienes posibilidad de influir.

Inclusive las malas acciones tienen una buena intención para el que la ejecuta, esto es curioso y generalmente difícil de comprender, pero cuando aplicamos esta idea a nosotros mismos, es decir , que fuimos nosotros los que faltamos, es más fácil comprenderlo.

Por ejemplo, cuando gritas agresivamente o golpeas a tu hijo, para que se porte bien o cumpla las normas de la casa, tienes la buena intención de formar respeto y disciplina en él. Cuando golpeas a tu pareja por celos, quizá tu buena intención es mantenerla junto a ti. Cuando le gritas al encargado de alguna oficina, tu buena intención podría ser obtener el servicio que esperas de esa oficina. En todos los casos, lo que es reprochable y perdonable es la conducta, no la intención.

Lo paradójico de todo este proceso, es que cuando perdonas auténticamente, llegas a percibir lo que pasó de otra manera, y en la nueva manera de ver lo ocurrido no percibes ninguna ofensa por lo que el perdón no es necesario, es decir, que transitaste un camino que no necesitabas andar, pero para darte cuenta de ello, había que transitarlo, allí está la paradoja.

No te aflijas, no creas que fue tiempo perdido, en realidad si necesitabas transitarlo, en el desarrollo personal andamos un camino que nos lleva a nosotros mismos, agradece que tienes una carga negativa menos y en vez de ello ahora tienes una manera más amplia y más constructiva de percibir los hechos.

Esto es un proceso tuyo que no necesariamente tienes que decírselo al otro, decírselo o no, es una decisión tuya.

Recuerda, perdonar y perdonarte es un proceso de liberación, es abandonar sentimientos que retardan nuestro crecimiento humano, cuando perdonas te sientes más liviano, menos atado a posiciones y compromisos de castigo, te sientes más libre y más sano.

El Perdón comienza con una decisión y sabes que has perdonado cuando:

  • Recuerdas el mismo hecho sin sentirte ofendido pues has cambiado de percepción.
  • Comprendes y aceptas tu corresponsabilidad en ese hecho y has aprendido tu lección.
  • Eres capaz de comunicarle al perdonado tu perdón en caso de que este necesite saberlo.
  • Cuando sientes alivio y liberación ante ese hecho que antes te producía rencor.

Emil Pacheco Sandrea

Coach Personal

www.autoestimaparamamas.com

Sobre la autora:

Emil Pacheco Sandrea, Coach Personal, te acompaña en el viaje a tu éxito, al logro de tus metas personales, al viaje al centro de ti, donde está un baúl con tesoros esperando que les permitas salir.

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